miércoles, 19 de junio de 2013

SAN JUAN, ANCESTRALES RITOS SOLSTICIALES

SAN JUAN, LA MAGIA DEL SOLSTICIO







Cuando las montañas y los bosques de nuestra tierra estallan en mil y una tonalidades de verdes, y nos ofrecen la posibilidad de sumergirnos bajo el amparo de la sombra refrescante de sus árboles, es el momento del sol. Tiene entonces lugar una de las principales celebraciones de la antigua cultura de los vascos, el solsticio de verano. Cristianizado bajo la advocación de San Juan Bautista, es un momento en el que se dan multitud de ancestrales ritos, que hunden sus raíces en lo más profundo de nuestra historia.

 


El sol siempre ha sido para las culturas de base agrícola, una deidad de primer orden, desde tiempos neolíticos se observa ésta importancia, los dólmenes, monumentos funerarios construidos desde hace unos 3.800 a 4.500 años,  que pueblan nuestras montañas, se orientaban hacía el Este, en clara referencia solar, también las iglesias románicas y las chabolas de los antiguos pastores ubicaban su fachada mirando hacia Levante. En la ancestral cultura de los vascos, se ha creído que el sol y la luna eran hijos de la tierra, el astro rey sale cada mañana de las entrañas terrestres y al anochecer retorna a la misma en un lugar que se denomina “los mares bermejos”.
 
 
 
Era costumbre en muchos pueblos de nuestra geografía, realizar salutaciones tanto al sol como a luna cuando éstos regresaban al seno de la madre tierra, un ejemplo lo encontramos en varios pueblos gipuzkoanos, con la singularidad, en algunos casos como éste, de referirse al sol en género femenino:
 
                “Eguzki amandria

                Juan da bere amagana

                Biar etorriko da

                Denpora ona bada”

(La abuela sol/ha ido hacia su madre/Vendrá mañana/si hace buen tiempo)

 


En la noche y en el posterior día de San Juan, el astro rey es el protagonista, no en balde es la fecha del año en que el sol brilla durante más tiempo y la noche, por tanto, es la más corta. Este cambio en el ciclo de la naturaleza, no pasó desapercibido para los pueblos agrícolas, acostumbrados a la observación del cielo para su propia supervivencia, así mismo observaron los cambios naturales que se producen a partir de ésta fecha, por lo cual se crearon una serie de ritos importantísimos en torno al solsticio. Es un momento cargado de magia, un momento de mirar hacía nuestros orígenes más ancestrales ocultos en algún rincón de nuestro ser.

 
Quizás uno de los elementos más representativos en su fiesta, sea el fuego. Antiguamente cada caserío encendía una hoguera, generalmente en un cruce de caminos, se giraba entonces en fila alrededor de la hoguera teniendo la misma a la derecha, según nos cuenta el sabio investigador de Ataun don Joxe Miguel de Barandiarán, ésta costumbre tenía lugar, con variantes, en todo el ámbito indoeuropeo, con el fin de movilizar la fuerza mágica necesaria para que el sol prosiga su curso. Aún hoy en día tienen lugar éstas antiguas danzas alrededor del fuego en algunos pueblos de nuestra geografía, si bien poco tienen que ver las motivaciones por lo que se llevan a cabo, un poso ancestral se mantiene en lo más profundo del ser de los habitantes de éstas aldeas, herederos de ésta maravillosa cultura milenaria, y que poco a poco se va disipando entre las brumas de los nuevos tiempos si no lo remediamos. Incluso los rescoldos de la hoguera eran elementos activos beneficiosos, un ejemplo lo encontramos en la localidad navarra de Luzaide, donde era costumbre arrojar las brasas del fuego de San Juan en dirección a las fincas de cada familia. Conocida también es la costumbre de saltar sobre el fuego o las brasas para obtener un efecto purificador, en  muchos pueblos vascos se mientras se saltaba se decía “sarna Fuera”.

 
También determinadas hierbas recogidas en ésta noche y en la mañana siguiente, adquirían características especiales, en Urdiain, por ejemplo las mujeres acudían a los trigales para conjurarlos a medianoche, rito vinculado con la renovación de la naturaleza. Era costumbre utilizar  ramas del espino blanco colocadas en las puertas, en algunos lugares se hacía pasar a los animales de la casa bajo el mismo, también se usaba la madera de éste árbol para realizar cruces que se colocaban en las puertas de los caseríos. Muy utilizado era también el follaje de un árbol sagrado como es el fresno como protector en las entradas de las casa. Otra planta vinculada a la protección solar es el eguzkilore (flor del sol), un cardo que se colocaba igualmente en las entradas como protección contra las brujas. Otro ejemplo que nos habla de la importancia de las hierbas y flores en ésta mágica fecha, era la costumbre que se daba en v arios lugares, según la cual los mozos adornaban las casas de sus amadas con bellas flores, o la de regalar un ramo a la misma, si era hermoso el amor era correspondido, sino había calabazas.
 

El agua adquiere su importancia así mismo en San Juan, era costumbre tomar baños de rocío matinales como protección. Una hermosa costumbre vinculada con el agua en ésta mágica fecha, tiene lugar en el precioso manantial de San Juan Zar, en la localidad navarra de Igantzi.
 
Oculto entre un espectacular bosque de carpes, encontramos éste mágico lugar donde una fuente de tres chorros de agua  nace bajo una cueva en la que se mezclan antiguas creencias paganas y cristianas, en dicha cueva existe un altar donde se celebra misa en el día de San Juan, pero hay además una misteriosa estatua con forma de Basajaun (señor de los bosques en la mitología vasca) al que se le ponen flores y velas.
El agua que vierte la fuente situada bajo la misteriosa cueva, llega mediante un pequeño canal al cercano río, es costumbre caminar descalzos en el agua de éste canal para adquirir los efectos beneficiosos de la misma. Es costumbre además lavar con un paño mojado en el agua de la fuente, zonas de la piel afectadas por algún tipo de eccema, se deja el paño en unas zarzas junto a la fuente y el párroco se encargar de quemarlos, todo ello tras haber bebido tres tragos de agua del manantial uno de cada caño. Es un lugar en el que el viajero siente su fuerza y su magia, un lugar donde se mezclan lo cristiano con ritos que se pierden en el tiempo, y que la gente de los alrededores ha asumido con total normalidad, un rito y un entorno maravillosos para disfrutar sin prisa, con los ojos abiertos y la mente curiosa, escuchando el susurro de la tradición.
 


 

viernes, 31 de mayo de 2013

EL AINGERU DE ARALAR VISITA LOS PUEBLOS NAVARROS


LAS VISITAS DE SAN MIGUEL DE ARALAR A LOS PUEBLOS NAVARROS


En la montaña navarra, en los valles húmedos del norte de la tierra de los vascos, se repite anualmente una tradición cuyos orígenes se desconocen, se trata de la visita que la Imagen del Arcángel San Miguel realiza a éstos pueblos desde su Santuario de San Miguel in Excelsis en la sierra de Aralar.

El recorrido que realiza por la geografía navarra, es minuciosamente preparado basándose para ello en el del año anterior, generalmente varía muy poco de un año a otro, y cada pueblo lo suele recibir el mismo día de la semana y en horario similar. Tradicionalmente, las fechas en las que se lleva a cabo la serie de visitas, vienen dadas  por la Pascua de Resurrección, dependiendo de cuando sea ésta, se adjudican los días en los que la Imagen acudirá a cada localidad, así que pueden variar una o dos semanas cada año.

Es una fiesta sencilla, de y para los moradores de éstas aldeas de la montaña, si bien han cambiado las formas en la que el Aingeru se acerca a los pueblos, se sigue manteniendo el espíritu y la Fe de los lugareños, antiguamente la imagen se trasladaba a lomos de machos por los caminos de herradura de nuestras montañas, ahora llega en coche, pero el caminante que se acerque a cualquiera de éstas localidades, disfrutará de una tradición que perdura en el tiempo, una tradición trasmitida de padres a hijos.

Se trata de un rito sencillo pero lleno de magia, la cruz parroquial de cada iglesia a las que acude el Aingeru, sale a recibir a la imagen, en la puerta del templo el sacerdote bendice los campos en las cuatro direcciones y en un orden concreto: Este, Sur, Oeste y Norte.


El cura, junto con la cruz parroquial y la imagen del Aingeru, va girando hacía cada dirección mientras se escucha el ritual de la bendición, los asistentes se colocan tras ellos y realizan a su vez el giro. Tras esto el párroco imparte la bendición en las cuatro direcciones con el hisopo.
 
 

Después, entonando cánticos se entra en la iglesia, donde tendrá lugar una misa tras la que se da a adorar la reliquia a los feligreses, quienes besan la imagen del santo, que contiene en su interior la antigua Imagen de madera, y un Lignum Crucis o reliquia de la Cruz de Cristo. Terminado esto, se sale de nuevo a la calle, donde el párroco asperja simbólicamente el suelo y bendice a todos con la imagen del Arcángel en las cuatro direcciones.


Generalmente, si hay algún enfermo que lo solicita, la imagen acude a su casa en una breve visita. Quizás sea ésta visita el origen de la tradición.

 

La Imagen partirá de nuevo en su recorrido que puede durar unos cuatro meses, como curiosidad decir que la única vez que el Aingeru entra en territorio gipuzkoano, es la visita que realiza a principios del mes de agosto a la ermita de Igaratza, ubicada en el Aralar gipuzkoano. Una antigua costumbre, llena de significado y de pequeños matices de antiguas creencias que conviven con ritos cristianos con total normalidad, una bonita ocasión para disfrutar de la belleza de nuestras antiguas tradiciones.

sábado, 27 de abril de 2013

LA LEYENDA DE ERROLDAN-ARRIYA



Encajonado en un extremo de la mágica sierra de Aralar, bajo la atenta mirada de las cimas de Akier y de Artxueta, en cuyas faldas se situa el Santuario de San Miguel in Excelsis, encontramos el coqueto valle de Ata.


Un lugar bucólico y mágico ubicado a casi mil metros de altura, extiende su verde alfombra de pastos en mitad de un mar de hayedos y cimas calizas, escondido como queriendo pasar desapercibido en el extremo oriental de la sierra.

Paseando por el ancestralarl camino que cruza el valle, sentimos la fuerza de los antiguos caminantes que desde tiempos inmemoriales utilizaban ésta misma ruta que unía la zona media de Navarra con Gipuzkoa, posiblemente los nuevos usos que vamos dando a nuestras montañas han restado importancia y relegado a un segundo plano a éste camino tradicional, ya no lo pisan los rebaños transhumantes ni los pastores constructores de los dolmenes que se localizan en los alrededores. Sin embargo justo a la vera del antiguo camino, una vieja piedra nos conecta directamente con éste mundo perdido en la memoria, con la antigua cultura de los vascos, un monumento mítico enclavado en el centro del vallecito, se trata de la conocida como “Erroldan-Arriya” (la piedra de Roldán).

Según nos cuenta una antigua leyenda, que con variantes se da en muchos lugares de nuestra geografia, el mítico gigante Roldán lanzó ésta piedra desde lo alto de un monte con la intención de destruir el Santuario de San Miguel de Aralar, pero resbalando con una boñiga justo en el momento del lanzamiento, el pedrusco perdió impulso y quedó en su actual emplazamiento, en el valle de Ata. En ella aún podemos ver unas marcas incisas que según cuenta la tradicion serían las huellas que los dedos del gigante dejaron sobre ella al agarrarla.

Encontramos en ésta leyenda la curiosa forma en que un personaje histórico y extranjero a la cultura vasca como Roldán, sobrino de Carlomagno, al que los vascones mataron en la conocida batalla de Roncesvalles, adquiere un carácter mítico en la tradición cultural del pueblo vasco, principalmente en Navarra, que es donde tiene lugar la batalla. Adquiere así atribuciones de otros personajes de nuestra mitología como son Sanson, el juez del Antiguo Testamento, o los gentiles, gigantes paganos de fuerza descomunal que habitaban en nuestras montañas antes de la llegadadel Cristianosmo. Este hecho, se deba posiblemente a la gran cantidad de romances y trovas que sobre el personaje de Roldan circulaban por el Camino de Santiago en tierras navarras tras la mencionada batalla, de hecho una de las obras cumbre de la literatura francesa, la Chanson de Roldan, narra tergiversadamente lo acontecido en Rocesvalles.

Múltiples secretos oculta ésta piedra hincada en el suelo en los confines de la sierra de Aralar, secretos que sólo ella conoce y que probablemente jamás se lleguen  a descifrar, tal vez sea mejor así, de ésta forma la piedra de Roldan continuará guardando su magia para quien se acerque a ella con humildad y respeto a escuchar su ancestral susurro.

sábado, 16 de marzo de 2013

TROIS-VILLES, HUELLAS DE LOS MOSQUETEROS EN TIERRAS VASCAS



Trois-Villes (Iruri), es un pequeño y tranquilo pueblecito enclavado en el corazón del territorio de La Soule (Zuberoa), en el extremo noreste de la Tierra de Los Vascos.

Su caserío reposa abrigado bajo los misteriosos bosques del macizo de Arbailla y las imponentes y atractivas montañas del Pirineo.

Cuando el viajero llega a Trois-Villes, no puede sospechar que oculto bajo el barniz de una pequeña aldea vasca, se esconde una historia vinculada ni más ni menos que con los famosos mosqueteros del rey Luis XIII, que Alejandro Dumas inmortalizó en su célebre novela de 1844, “Los tres mosqueteros”.

Enclavado en el centro de la localidad,  oculto, como queriendo guardar su secreto, se encuentra el castillo del conde de Trois-Villes rodeado por unos preciosos y cuidados jardines de estilo inglés. Dicho conde fue un personaje histórico que llegó a ser capitán de los mosqueteros reales y que el escritor normando inmortalizó en su famosa novela publicada en 1844.

Su nombre era Jean-Arnaud du Peyrer (1598-1672), nacido en la cercana localidad bearnesa de Oloron-Sainte-marie, situado a escasos 31 km. de Iruri, hijo de comerciantes, consiguió hacer carrera como mosquetero del rey, siendo nombrado capitán de éste cuerpo con 36 años de edad, posteriormente llegaría a mariscal de campo, máximo grado en la escala de oficiales del antiguo ejercito de tierra frances. Se casó y ya retirado del servicio militar, regreso a la zona donde había nacido, trasladandose a Zuberoa, donde en 1660, mandó construir éste castillo de Iruri.

Por aquel entonces, ya era conde de Trois-Villes y comenzó a adquirir tierras en la provincia por recomendación de otro personaje que aparece en la novela de Dumas, el cardenal Richelieu. Adquirió, así la baronía de Moncayolle (Mithikile en euskera zuberotarra) y el vizcondado de Zuberoa junto con el título de vizconde que venía unido a las tierras. Estos terrenos, eran comunales y  pertenecían a los estados de Zuberoa, pero por obligación de una orden real, habían salido a la venta, algo que creço un profundo malestar en los habitantes de la región, que lo veían como un ataque a sus privilegios forales.

Esta situación de conculcación del fuero vasco, zuberotarra en éste caso, provoca una serie de pleitos, hasta que en junio de 1661 tiene lugar un masivo levantamiento encabezado por el párroco de la localidad de Moncayolle, Bernard de Goyenetche, apodado Matalas, bajo el grito de herria! herria! (¡pueblo! ¡pueblo!). Los sublevados cercan el castillo de la capital zuberotarra, Mauléon-Licharre (Maule-Lextarre), atacando principalmente a los burgeses y funcionarios protestantes. Queman dos casas de la localidad de Chéraute (Sohüta), ubicada junto a Mauléon-Licharre y violentan la iglesia de Montory (Montori), cerca de Trois-Villes, y amenazan al pastor protestante de Mauléon-Licharre Jacques de Bustanoy, éste pastor intenta negociar con los sublevados, pero no consigue acuerdo alguno. Finalmente los nobles zuberotarras logran que el parlamenteo de Burdeos, tome cartas en el asunto y envia una serie de tropas comandadas por un mercenario llamado Calvo. El 12 de octubre apresan a Matalas en Gentein y degollandolo posteriormente, su cabeza fue expuesta en la barbacana de la muralla de Maule, hasta que alguien la hizo desaparecer misteriosamente para su enterramiento digno según cuentan las crónicas.
 

Tras ésta revuelta la región se sumió en una época de gran pobreza.

Junto con el conde de Trois-Villes, otros tres personajes de la novela de Dumas, son originarios de ésta zona, concretamente de la región del Bearne. Isaac de Porthau, inspirador del personaje de Portos, era oriundo del pueblo de Ogenne-Camptort, a 38 km. al norte de Iruri. Henri d´Aramitz, Aramis en la novela, nació en la localidad de Aramitze, a 15 km. al este de Iruri. Armand de Sillègue d´Athos d´Autevielle, Athos, nacido en la localidad de Athos-Aspis a 38 km. al norte de Iruri.

Además de por éstos datos cuando menos curiosos, la zona merece una o muchas visitas, siendo una de las regiones con una mayor identidad cultural del Pais de Los Vascos, un lugar realmente hermoso al que conviene acercarse sin prisas, mágicamente van surgiendo historias y lugares que nos atraparán y dejarán un hermoso poso en nuestro recuerdo, pues Zuberoa es misterio en si misma.

martes, 12 de marzo de 2013

LAS CUEVAS EREMITICAS DE LAÑO


EL MISTERIO DE LOS HABITANTES   DE LAS ROCAS
 
 

Enclavado en el extremo sureste del Condado de Treviño, se sitúa el pequeño pueblo de Lañu (Laño), oculto en un precioso y coqueto valle rodeado de bosques y de campos de cultivo, parece querer mantenerse al margen del alocado sistema de vida actual. Esta aldea ubicada en la montaña treviñesa, esconde un precioso tesoro que cuenta al viajero curioso historias de eremitas, ascetas, viviendas trogloditas, en fin de misterios enraizados en lo más profundo de nuestra cultura, que se nos presentan al alcanze de la mano para conocerlos con humildad y curiosidad.


A la entrada del valle en el que se ubica Lañu, muy cerca de la localidad, encontramos un desfiladero que albega antiguas cuevas excavadas en la roca por los primeros cristianos de éstas tierras, tal vez ascetas que voluntariamente pretendián huir de los lujos de la iglesia oficial. El conjunto se divide en dos zonas, a la derecha según entramos en el valle dirección Lañu, se localiza el conjunto de cuevas denominado “Las Gobas”, y a nuestra izquierda el conjunto denominado “Santorkaria”. Una bonita forma de acercarse a conocer ambos enclaves, puede ser caminando desde la misma localidad de Lañu,  siguiendo el camino balizado, paseando entre campos de cereal hasta dar con el acceso hasta el  primero de los conjuntos, “Las Gobas”. Su nombre, parece una derivación de la palabra en euskera “Goba” o “Gobea”, es decir cueva, otra teoría nos dice que sería una derivación de “Godo”, en referencia a los constructores de las mismas. La primera cueva se encuentra un poco apartada del resto de habitáculos, y se denomina “La cueva de la doctora”, según cuenta la leyenda, en ella habitó la última de los gentiles, raza de gigantes mitológicos que habitó en nuestras montañas hasta la llegada del Cristianismo, en el interior de la cueva pueden verse excavadas en la roca un conjunto de tumbas.

 
Inicialmente, las cuevas se excavaron para su utilización como vivienda, allá por el siglo VII, se llegó a crear un auténtico poblado, que constaba además de las viviendas, de lugares de reunión y culto, en algunas podemos ver zonas para el altar, con un pequeño abside, bóveda de cañón, y hasta ornazinas para las reliquias, parece ser que hasta una de ellas ubicada a 11 metros sobre el suelo, se utilizó como silo de almacenamiento. El sistema de excavación, se basaba en realizar unas ranuras en la roca, en las que se introducían unas barras de hierro que golpeandolas, producían los huecos.
 

A finales del siglo IX y principios del siglo X, se traslado el poblado a la actual ubicación de Lañu, fue entonces cuando se aprovecharon los habitáculos como lugar de enterramiento, tallando en la roca tumbas de fromas rectangulares y trapezoidales, creando de ésta forma una autentica necropolis. Pasado el tiempo y perdido el carácter sagrado del lugar, hacia el siglo XVI, se utilizaron como cerramientos para guardar el ganado, y de ésta forma hasta nuestros días en los que tenemos la oportunidad de disfrutar de un lugar cargado de magia y simbolismo, que no todo el mundo sabe respetar como mereciera a juzgar por las pintadas que energumenos se dedican a realizar en los interiores de las cuevas.

Podemos continuar el paseo y aercarnos hasta el enclave de Santorkaria situado frente a nosotros en un agradable paseo, y visitar alguna cueva más ubicada en el mismo.

Merece la pena acercarse hasta Lañu y visitar sin prisa ésta mágico entorno rupestre, admirar el antiguo trabajo de aquellos hombres, que adaptaron el medio a sus necesidades con ingenio y respeto hacía lo que les rodeaba.

sábado, 9 de febrero de 2013



Caminamos despacio,

Sin prisa, absortos

En nuestro caminar,

En nuestros pensamientos y

En la belleza que nos rodea.

Las montañas nos aportan

Sensaciones únicas y

La posibilidad de conocernos

Un poco más a nosotros mismos.

viernes, 1 de febrero de 2013

LA CALZADA DE LOS GENTILES



Marchemos al encuentro de una de las más importantes rutas transhumantes de nuestras montañas, caminaremos sin prisa por la grandiosa calzada de Enirio, la calzada de los gentiles. Pongamonos las botas situados en el aparcamiento del área de recreo de Olasakoi, a la que hemos accedido desde la localidad gipuzkoana de Zaldibia. Como aperitivo tenemos delante de nosotros la impresionante cara oeste del Txindoki, aunque tan sólo es un adelanto de lo que ésta preciosa ruta nos tiene reservado. Obviando el camino de ascenso hacía Auza Gaztelu (por el que terminaremos nuestra ruta), seguimos por la pista cementada hasta alcanzar el comienzo de la calzada justo cuando termina el asfalto junto a una borda, ya comenzamos a ver las losas de piedra por las que caminaremos, y si nos fijamos veremos las huellas que según cuentan  las leyendas, dejaron los carros de los gentiles que por allí pasaban.
 
Los gentiles son unos seres de la mitología vasca, dotados de una excepcional fuerza, a los que se les achaca la construcción de monumentos de enormes proporciones, como dolmenes e incluso iglesias, su raza terminó con la llegada del Cristianismo. Caminando entre hayas trasmochas por un precioso bosque, pasamos por la fuente de Gaintxola y llegamos a una pronunciada curva desde la que distinguimos gran parte de nuestro itinerario, el lógico trazado de la calzada nos atrae irresistiblemente a caminarlo  hasta el collado de Pikoeta que vemos a la derecha.  Tras pasar junto a varias chabolas comenzamos a ganar altura, entramos así en la zona mejor conservada de la calzada, grandes losas engalanan nuestro camino, unido a la maravillosa frondosidad de las hayas, convierten nuestro caminar en un maravilloso paseo.
 
 
Alcanzamos el collado de Pikoeta, donde termina el empedrado y comienzan los rasos de altura, verdes como una alfombra donde pastan, absortas y ajenas, rebaños de ovejas latxa, dejamos a nuestra derecha el dolmen de Kotaleku para llegar un poco más adelante a otro dolmen mucho más grande, el de Jentillarri (piedra de los gentiles).
 
 
Lugar mágico en un rinconcito de la sierra guarda la leyenda de la desaparición de los gentiles, los cuales estaban jugando a la pelota cuando vieron llegar una extraña nube, consultaron al más anciano de la tribu, quien sentenció que era la llegada de Kixmi (literalmente mono en euskera), es decir Jesucristo, y el fin de su era. Ordenó que lo despeñaran y el resto de los gentiles se ocultó bajo las losas del dolmen que tenemos delante. Es un monumento funerario que consta de una cámara de tres metros por  metro y medio cuya cubierta sujetan seis piedras, consta además de una galería y un túmulo, en su interior se han hallado restos de 27 individuos y diferentes útiles. Continuamos nuestro camino por una hondonada frente al dolmen, para acceder a una de las majadas pastoriles más interesantes de Aralar, la majada de Oiudi, situada a unos 840 metros de
altura, tiene algunas de las ya escasas chabolas con tejado de ramas y muros de mampostería que quedan en la sierra, testigos mudos de la antigua ley pastoril de no usar tejas para la realización del tejado pues significaban propiedad, y las chabolas eran comunales, antiguas costumbres que poco a poco se van difuminando en la inmensidad del tiempo. Frente a nosotros junto a una pista encontramos una colina sobre la que se asienta el menhir de Suputaitz, monumento megalitico, también conocido como Sanson Harri, nombre que le vincula al forzudo Sansón de la mitología vasca. Nos encontramos en una zona rica en megalitos, testigos mudos de siglos y siglos de historia y de historias.
 
Retornamos sobre nuestros pasos hasta el collado de Pikoeta, a nuestra derecha un sendero salva una langa, vamos ganando altura por éste camino, mientras se nos abre una hermosa de perspectiva de cumbres, Murumendi, aitzkorri, Gorbea, Anboto y Auza Gaztelu, hacía el cual dirigimos nuestro caminar. Llegamos al collado de Errekonta situado bajo la cumbre de ésta montaña, a la que accedemos por la loma hermosa, en su cima encontramos restos de la antigua torre-fortaleza que ya citada en el siglo XIII, se encargaba de guardar los pasos de mercancias que por la calzada se dirigían a la costa procedentes de la vieja Iruña (Pamplona), en su cima encontramaos restos de su forma circular y de las murallas. La mitología nos dice que fue construida y habitada por los gentiles, de hecho a su cima se la conoce con el nombre de “Jentillen sukaldea” (cocina de los gentiles).
 
 
La perspectiva desde su cima es espectacular, atrayendo constantemente nuestra atención la imponente pared oeste del Txindoki que se abre frente a nosotros. Descendemos por el lado contrario al del collado de Errekonta en dirección a una pista visible, que nos deja en el aparcamiento donde damos por concluida nuestra ruta.